miércoles, 20 de diciembre de 2017

las máscaras de hierro

conozco el sabor del sulfato en las piedras
el andar torpe de los faisanes
me entrego a la ferocidad del sol y sus cicatrices
ignoro la calma
soy el pueblo atrapado entre un puerto y la gran ciudad
señal de ruta que la intemperie oxida
venado muerto
degollado
que adorna las paredes de un club
mis heridas ya no sangran pero con la humedad
todavía
duelen

una bruja adivinó mi desgracia hace tanto que a veces lo olvido
lo olvido y pienso que el mundo es nuestro
lo olvido:
no hay mundo
no hay nuestro
solo reflectores lejanos
luces de ciudad que encandilan
que no dejan descansar y lo intento
juro que intento la oscuridad
mi reposo
antes del baldazo frío
del talco en la cara
antes que los hilos vuelvan a tensarse y otra vez toque la escena
repetida
de un pájaro y las canciones más bellas
pájaro que es historia y bandera
que sabe
sabe
que lo que sus alas tocan no es cielo y se le va en eso la vida
saber si hay un cielo
qué hay más allá

más allá de las máscaras de hierro
de los almohadones y el temor
más allá de la malentendida piedad
piedad
cuántas vidas se apagan en tu nombre
cuánto falta para que mi cabeza también ruede
anhelo el silencio
mi propia tumba me rechaza
mi madre
los hijos que me faltaron y un dios
responsable de todas las cosas por el que grito
todavía
y otra vez mis heridas sangran y estoy acá
el veneno me recorre y no es justo

pólvora quemada a los pies de un cañón
el pájaro se mece en la rama
tirita
busca el nido que falta
espera su bala en el pecho
sentado
la espera
Griselda Perrotta

resortes del tiempo

tengo en la retina un mundo
las tazas de la mañana piden que las deje así
que ya vuelve

recordé el conjuro
veo el hilo rojo desde aquel piano hasta el sur y de vuelta a tu cama
nunca tuve en mi voz otra patria que la muerte
y hoy tu cuerpo es la muerte
quiero eso
saltar en los resortes del tiempo

teníamos razón
hay cuevas que son refugio y hay tornados que arrasan pero no importa
si hay un refugio no importa
es circular el dolor
busquemos un rincón
hoy
donde lamernos las heridas y continuar

la gente anda más suelta en verano
se sabe
propongo entonces un pacto y que no lo firmemos jamás
en la forma se esconde el diablo te dije al oído
y me escuchaste
no se nos atrevió ninguno de los fantasmas
esa noche no

permanecimos
destrozando la coherencia a fuerza de instantes
uno a la vez
hasta que afuera las gárgolas se desvanecieron todas
y el día se avergonzó de irrumpir pero es su función

nada conservo de esa mañana más que mis pies
la sensación de mis pies contra el suelo mientras besaba tu espalda
y los fantasmas
al otro lado del espejo
pergeñando venganza
retorcidos de envidia ahora

cuando me miro al espejo
atrapados
los veo

Griselda Perrotta

domingo, 17 de diciembre de 2017

FRONTERA - cuarta edición

Presentamos la cuarta edición de mi libro FRONTERA. Podés conseguirlo en:
→ Nivangio (Colombres 946, Boedo)
→ La Vaca Mariposa. (Palermo)
→ Peces de Ciudad (venta online)
→ Caburé Libros (México 620, San Telmo)
→ Librería del Conti (Av. Libertador 8151, Nuñez)
→ Factotum Libros (Mitre 1054, Berazategui)
→ Cantamañanas (Paunero 1421, San Miguel)
→ Supermercado Libros (17 # 1541 e/63 y 64, La Plata)

jueves, 5 de octubre de 2017

La Fortaleza (*)

            Mi historia empieza en una terraza. No recuerdo los detalles pero sí los colores, que son también los olores cuando pienso en mis abuelos. En esa terraza.
          No se abandona la patria cuando no quiere soltarte. Cuando es así, cuando la patria no quiere soltarte, la patria se hace una fortaleza. Como una embajada chiquita dentro de ese otro país siempre extranjero, ajeno. Hostil. Fortaleza impenetrable, en una terraza cualquiera de cualquier barrio porteño.
            Esa es la historia que vengo a contar.

          Mis abuelos eran la terraza. La terraza y salsa de tomate, albahaca y picante. Mucho picante. Picante en el huevo, en la pizza, en las pastas. Picante con agua y aceite. Comían eso a veces: picante, agua y aceite. Pipireata. Mamá decía que con eso paleaban el hambre en Italia. Que se llenaban de aceite, agua y picante para engañar al hambre. Para engañar al tiempo, que se hace más largo cuando es con hambre. Mi madre también nació en Italia y vivió cinco años allá, los primeros cinco, hasta que mi abuelo mandó traer a las tres: hija, esposa, madre / madre, abuela, suegra / nieta, nuera, bisabuela.
         Mi historia es la historia de tres mujeres que un día subieron a un barco siguiendo el designio del mismo varón que años atrás las había dejado.
Dos décadas después llegué yo.
Otra mujer, mismo destino.

           Lo que más recuerdo de mis abuelos es la terraza. Mujeres lavando a mano, tendiendo en sogas, disponiendo compras, cenas y almuerzos. Hombres durmiendo la siesta. Mujeres no. Hombres trabajando afuera. Mujeres dentro y afuera. Hombres violentos. Mujeres también.
Violentos todos. Estridentes. Demasiado para esa ciudad chata, homogénea, que se desparramaba al otro lado de La Fortaleza.
Vida urbana y traicionera, liviana, común. Vida de papeles y de cemento, sin aromas, sin color. Vida urbana.

         La vida urbana mató a mi abuela, eso dijeron los médicos. Hubo diagnóstico y todo. Simplemente empezó a enloquecer después de bajar del barco. Cuarenta días con su suegra y la nena en un depósito del Puerto. Diez años de conventillo. Trabajos denigrantes. Pobreza. Inmundicia diez años y después la fortuna. Su casa grande, su castillo. Poder comprar…lo que había.  
En la ciudad no hay gallinas ni pipireu. El cerdo es una pasta rosada que se corta en fetas y va a casa en un papel. Los huevos siempre están pasados, los zapatos aprietan. El piso es duro y se vive aislado. No hay tribus en la ciudad y el ruido lo tapa todo.

El castillo, la fortaleza. Un día tuvo eso, mi abuela. Espacio, escaleras, muchas habitaciones. Y su propio gallinero en la terraza.
Colombres y Venezuela, barrio de Boedo.
Allí, en mi infancia, yo veía torcer pescuezos y desplumar animales.
Yo. Niña bien de jumper almidonado y camisita blanca, colegio de monjas porque eso sí, había que ascender. Para eso (si no para qué) mi abuelo había dejado a sus mujeres solas tanto tiempo. Hay que justificar esa movida.
Y así lo hicimos.

Fue implacable mi madre: nosotros no llevaríamos la vida de mis abuelos (la suya). Seríamos gente fina. Uñas pintadas, jeans de marca, clases de piano. Tacos altos, hombreras y permanente —eran los ochenta y eso se llevaba—.
Gatopardo, The Embers, Ray Ban. Cancha de tenis y paté de foie.

Pero no se abandona la patria.

No se abandona la patria cuando la patria no quiere soltarte y más si se almuerza en La Fortaleza.
Ahí, con esos mismos adornos, uniforme de escuela privada y carteras de charol, nosotros, descendientes primeros del pueblo de mis abuelos, éramos la envidia de cualquier bistreaux: alivi scachiati, alivi arrustuti, pipireu, brasholi, milinshana. Mejores que cualquier frasco por más cool que sea la etiqueta.
Porque las etiquetas mienten: la comida de mis abuelos no se escribe. Se dice. Como una canción que se aprende de oído.

Porque la comida es la patria y son mentira las palabras cuando se habla de la patria.
La tierra de mis abuelos no tiene registros. No había tiempo para esas cosas y en la Argentina fue igual.
La historia de mis abuelos se dice.
A eso vengo.
Griselda Perrotta

(*) Mención Especial en el VIII Concurso Literario de la Sociedad Italiana de San Pedro.
  Publicado en la Antología del VIII Concurso de Cuentos y Relatos de Inmigrantes.


martes, 1 de agosto de 2017

Reseña en "El Furgón"

Acá se pierden amores, se ríe y se llora.” GustavoGrazioli leyó mi libro FRONTERA y escribió esta reseña para El Furgón, ala digital de Revista Sudestada
Dice:
Ese paseo por los talleres de Alberto Laiseca no quedó en el recuerdo de alguien que intentó escribir. Perrotta va hasta el máximo con algunas de las enseñanzas del “Conde Lai” y el leitmotiv de vivir para escribir se cuela, consciente o no, por los poros de cada uno de esos narradores. No hay pose ni reventados postmodernos. Hay vidas tratando de zafar las ausencias condenatorias y un lenguaje que no se calla.” 
La reseña completa en este link.